viernes, 18 de agosto de 2017

CaricaturArte 19: el Salón de 1853 (3ª parte)


Proseguimos el recorrido por el Salón de 1853, en el que nos sirve de guía la 'Revue du Salon' de Cham, con la viñeta que hace referencia al cuadro 'Cleopatra rechazada por Octavio César' ('Cléopâtre dédaigné par Octave César') de Henry-Pierre Picou. El humorista achaca ese desdén a que el césar habría asistido a una representación del recién estrenado drama en 5 actos de Louis Théodore Barrière y Lambert Thiboust titulado 'Les Filles de marbre'. Una obra cuya primera representación en el Théâtre du Vaudeville de París había tenido lugar el 17 de mayo y acabaría por dar lugar a que su título pasara a ser utilizado en francés como eufemística referencia a las cortesanas.



'Idilio, mi hermana no está' ('Idylle; ma sœur n'y est pas') fue el primer gran éxito de Jean-Louis Hamon, un cuadro que le comportó un tercer premio y fue incluido entre sus compras por la emperatriz Eugenia de Montijo. Tan solo criticado por el desvaído colorido, está claro que la candorosa escena de cortejo, además de la atención del público, también atrajo la de los humoristas. El pie de Cham dice:

- mi hermana está en la tienda del vinatero.
(esta mentira es perfectamente disculpable a la vista de una persona que viene a ver a tu hermana con un atuendo semejante).

 

El original solo podemos mostrárselo por medio de un grabado, pero es notable que Hamon lo reprodujo parcialmente en su lienzo titulado 'Contemplation' (1853) del que sí que hemos encontrado una foto (fuente).


Bertall hizo levitar a los encubridores hermanitos en su recreación, mientras que Quillenbois sustituyó la rama de adelfa y la jaula con unas simbólicas tórtolas que el enamorado porta en el original, por un conejo de bastante diferente significado y una coherente zanahoria.



La siguiente viñeta de Cham se ocupaba de 'El cuerpo muere, el espíritu permance' ('Le corps meurt, l'esprit reste') de Hippolyte Michaud. Un lienzo que comportó un gran éxito a ese pintor que, sin embargo, no logró reafirmarlo en sus posteriores trabajos. La obra es un homenaje a Miguel Ángel, Rafael y el en Francia entonces muy famoso Prud'Hon cuyos cuadros sirven de telón de fondo a la representación del joven artista fenecido.

El humorista convierte la escena en la muerte de un caballero que habría tenido la imprudencia de entrar en el taller de Courbet sin tomar precauciones, resultando asfixiado a causa del deletéreo efecto de la paleta del controvertido pintor.



Añadimos un detalle del lienzo junto a un autorretrato del autor, fechado en la misma época, para que puedan valorar como se escogió a sí mismo como modelo del difunto artista.


Pasamos a las sátiras de 'San Esteban llevado por sus discípulos' ('Saint Etienne emporté par ses disciples') de Eugène Delacroix. Quillenbois que, por cierto, consigna erróneamente el número del cuadro, convierte la muralla de Jerusalén en un biombo y apunta en el pie que 'el mártir hace girar la cabeza sus discípulos y los talones a los espectadores'. Bertall, por su parte, optó por ver al santo recién lapidado a punto de sangrar por la nariz. No puede decirse que estuviera muy brillante en esta ocasión.

'Supplice de la reine Brunchault' es el título original del cuadro en que François Germain Léopold Tabar  representó el tormento de la princesa visigoda nacida en Toledo que nosotros conocemos como Brunegilda o Brunilda. El pintor optó por la versión de su muerte arrastrada por un caballo, aunque es más probable que, como aseguran otras fuentes históricas, fuera desmembrada entre cuatro equinos. A falta de una imagen del lienzo de Tabar, adjuntamos como referencia un grabado en el que la tan cruelmente ajusticiada reina dista de aparentar los 70 años de edad que tenía ese 13 de octubre del año 613.

Cham cargaba las tintas sobre lo pedregoso del terreno para hacer lamentarse a la reina de no haber dado uso al betún asfáltico procedente de las explotaciones de la localidad de Seyssel en el departamento de Ain. Estas se explotaban desde el siglo XVIII y en los años veinte del XIX su producto comenzó ser utilizado en la pavimentación de las aceras de París. Quillenbois, por su parte, proclamaba que el caballo había pertenecido a Lafayette, pero sentimos no saber interpretar el sentido de esa chanza.


El segundo lienzo de la pareja que puede verse mas abajo es el de Adolph Leleux en que se representa el trillado de las mieses en Argelia ('Dépicage de blé en Algérie'). Pero Cham veía en esa gavillas unos gorgojos monstruosos que los beduinos se encargaban de azuzar.

Mas atención de otros humoristas recibió el 'Après déjeuner' de Auguste Toulmouche, aunque tan solo Cham reproducía el gesto original de sujetar el mentón que comparaba en el texto con el que cabe hacer a un loro.


 

Los otros dos humoristas que venimos comentando coincidían en asimilar la escena a las entonces muy en boga 'mesas giratorias' del espiritismo (ver artículo humorístico sobre esa cuestión en 'Le Journal pour Rire' del 21 de mayo) que ambos consideraban la actualización de una práctica cuyo origen en la antigua Grecia habría representado el artista. Dispar lance que en un caso resolvían los practicantes sacándose la lengua y en otro con un beso.

Este cuadro también fue comprado por la emperatriz junto a otro titulado 'Les Premiers pas de l’enfance' de este mismo pintor que fue quien acogió a Monet a su llegada a París y llegó a ser muy cotizado retratista entre la alta burguesía capitalina (enlace a una recopilación de sus obras).


Comenzamos nuevamente el comentario de la siguiente dupla por el segundo cuadro representado, el titulado 'La derrota de los cimbrios y los teutones por Mario'. Una obra en la que François-Joseph Heim representó un episodio de la Guerra Cimbria (113–101 a.C.) librada entre la República romana liderada por Cayo Mario y las citadas tribus protogermánicas. La posición de algunos cuerpos llevaba a Cham a puntualizar que se trataba de un cuadro probablemente colgado al revés, un comentario que reforzaba con un caballo boca abajo evidentemente inexistente en el original.


El otro cuadro parodiado en esa tira recurriendo a una caricaturesca deformación de las pantorrillas, que se califican como 'de resorte' (mollets a ressort), es 'La paz de Amiens' de Jules-Claude Ziegler. Una representación, por encargo de Louis Napoléon cursado en 1851, del solemne acto celebrado el 25 de marzo de 1802: la firma del tratado que ponía fin a la guerra de la Segunda Coalición contra la Primera República Francesa que contaba con España y la República Bátava como aliados. Por ello es destacable la presencia, sentado a la derecha, de Jose Nicolás de Azara, el representante español que aparece poniendo su sello sobre el documento que le presenta un secretario.

Pero los protagonistas indudablemente son José Bonaparte y el representante británico, Lord Cornwallis, que son quienes se estrechan la mano en primer plano. Sentado a la izquierda, todavía firmando, aparece el representante bátavo Rutger Jan Schimmelpenninck. Añadimos un enlace a un estudio mas detallado de este lienzo (malhereusement,  solo en francés).


Y este es un oportuno momento para volver sobre el álbum 'Nadar Jury au Salon de 1853' que también incluye una referencia al cuadro de Ziegler aunque, lamentablemente, solo contamos con muy mediocres imágenes de esa publicación. Esperamos que suficientes, sin embargo, para advertir que el fotógrafo y humorista recurrió a la representación de la escena como un guiñol que es manejado por unas anónimas manos, por mas que fácilmente intuibles como napoleónicas.







jueves, 17 de agosto de 2017

A vueltas con la traducción de títulos


El curioso asunto de las traducción de títulos ha sido objeto de diversos apuntes de este blog que, en general, están bastante focalizados en el mundo del cine. Relacionamos lo mas destacados:

Picores, comezones, tentaciones y "viudos de paja"

Reto cinematográfico superado

El reto de traducir juegos de palabras (este se ocupa en parte de la obra de Oscar Wilde “The Importance of Being Earnest”)

Mala traducción un poco obligada y una loca recomendación (esta última una cinematográfica chifladura de Fundéu)

Óscars, mercerías con pretensiones y Fuero Juzgo (con tan solo una marginal referencia a una fílmica traducción como mercería)

Lo que pasa en … se queda en … 


Nuestro manifiesto interés en la cuestión nos hace padecer cierta mala conciencia por no haber prestado atención, hasta ahora, a la serie de artículos que, bajo el título 'Esplendor y miseria de la vida de los títulos', viene publicando María Teresa Gallego Urrutia en el Trujamán del Centro Virtual Cervantes. Quizá porque esa sección se ha convertido, en parte, en una especie de sillón de psicoanalista, si no confesionario, al servicio de los también llamados truchimanes.

En la décima entrega, la publicada el pasado martes, que es la cuarta de la subserie 'Títulos que no me dejaron cambiar o que me impusieron', se trata sobre la narración 'La tigánci' que el políglota Mircea Eliade escribió en su materno rumano. Un artículo en el que la traductora muestra su arrepentimiento por haber aceptado el criterio editorial de publicarlo en español con el título 'El burdel de las gitanas'

Se sirve en su alegato de un párrafo del artículo 'Mircea Eliade y sus traductores' publicado en el número 14 de la revista Vasos Comunicantes (Invierno 1999-2000) por Joaquín Garrigós ('a quien debemos en muy gran medida la introducción de la literatura rumana en España'). Y no deja de ser valiente acudir a un texto en el que se afirma que a la versión de Gallego Urrutia le falta alma y 'no logra transmitir la atmósfera general mágica del relato'. Por mas que ello se achaque, barriendo claramente para casa, a que la traducción se ha realizado de forma indirecta desde el francés en vez de a partir del original rumano.


Lo cierto es que Garrigós también critica el título elegido que, como bien señala, se desmarca de los utilizados en francés o italiano, Chez les gitanes y Dalle zingare respectivamente. Y aun cabe añadir que en inglés se optó por 'With the Gypsy Girls' para publicarlo junto a 'Les Trois Grâces' en el libro 'Tales of the Sacred and the Supernatural'.

Así que el prostibulario reclamo es una clara indelicadeza hispana de signo presumiblemente comercial, pero se nos hace curioso el discurso de Garrigós cuando dice 'Y además el título no puede ser más desdichado: El burdel de las gitanas. Si bien el lector puede tener la impresión de que la narración se desarrolla en un burdel, Eliade no cita esa palabra en toda la obra; es más, la evita cuidadosamente'.

Un texto que induce a deducir que no habría tal burdel. Pero, por mas que Eliade no recurra al término, donde si no puede contratar el protagonista a tres prostitutas. Vale que no tanto para tener relaciones sexuales con ellas como para recordar su pasado con una amada que tuvo en la juventud. Pero, ¿es necesario aplicar uno de los nombres que nos oferta el diccionario para que lo sea? Así que descarado sesgo comercial sí, falseamiento no.

Y no solo en el título. Una comparativa de algunas portadas que han tenido las ediciones de ese relato también pone de manifiesto el peculiar tratamiento que ha 'sufrido' ese libro en el mercado español.


 
 

Sobre el controvertido novelista y reputado historiador de las religiones rumano resulta muy ilustrativo el artículo Las traiciones de Mircea Eliade publicado por Jacinto Antón en El País en noviembre del 2000. Mas convencional es la reseña biográfica que encontrarán en el siguiente enlace, que preferimos, por sintética, al correspondiente artículo de la Wikipedia.





miércoles, 16 de agosto de 2017

El metro en The New Yorker (y III)


Nos ocupamos en esta tercera entrega del pasaje del metro ya instalado dentro de esos coches que casi todo el mundo, menos los ferroviarios, llama vagones. Unos viajeros muchas veces entregados a la lectura como los mostraba Abner Dean en mayo de 1931 o Adrian Tomine en 2004 con una usuaria que reparaba en un compañero de gustos literarios.

Debajo puede verse como Barry Blitt proponía en noviembre del año pasado un pasajero que leía los horrorizados titulares sobre la victoria de Trump. Lo hemos emparejado con el espiritual ángel que hacía uso de un libro electrónico en una ilustración de Carter Goodrich de diciembre de 2011.

 
 


Pero quien llevó al extremo la representación de la práctica de la lectura en el metro fue Bruce McCall en la última portada del año 2000 en la que ideó convertir un coche en la sala de lectura de una biblioteca.


El contrapunto lo ponen quienes se ven obligados a leer de pie, como ocurría en el número dedicado a la literatura (fiction issue) de 1995 ilustrado por Owen Smith. Un forzado hábito que también fue objeto de un espléndido dibujo de Barry Blitt para la portada del 16 de marzo de 1998.


 

En abril de 1955 Rea Irving ya se había ocupado de la rutina del commuter por medio de una repetitiva secuencia que hemos emparejado con los parecidos en la diversidad viajeros que Tomer Hanuka yuxtaponía en la ilustración titulada “Take the L Train”. Adviertan que la citada línea L conduce al muy diverso y judío Brooklyn.

 

Tampoco falta un judío en el diverso pasaje creado por el ilustrador argentino Ricardo Siri, más conocido como Liniers, en marzo de 2014. Edward Sorel imaginaba, por su parte, otro tipo de apreturas en la fauna en que convertía el pasaje del metro en el último número de enero de 1994


En marzo de 2003, el propio Sorel colaba en otro apretado vagón a un sospechoso viajero, el mensaje queda un poco abierto, mientras que, a su lado, vemos otro tipo de apreturas en una tapa de Peter Arno fechada en 1938. Una versión del cliché que confronta a un usuario camino del ocio con quienes, con toda probabilidad, se desplazan al trabajo.

 


Otros juegos con los viajeros van de la uniformidad de los usuarios navideños imaginados por George Price en diciembre de 1965, al pasaje diverso en aspecto y pensamiento en el que el ilustrador David Heatley infiltró a un sosias de Santiago Segura.

 

En septiembre de 1940 encontramos una ilustración de Perry Barlow en dos viñetas que expresa magníficamente esa diferencia de ánimo entre la ida y la vuelta de una jornada de ocio con niños. Un concepto que ha dado pie a portadas tan populares como la de agosto de 1947 realizada por Norman Rockwell para el Saturday Evening Post.

 

Otro desfallecido viajero, este de vuelta de una juerga nocturna, que comparte espacio con los currantes que acuden al trabajo fue la propuesta de Constantin Alajalov para el número fechado la víspera de fin de año de 1944.

Modernamente, los contrastes entre el pasaje representados tienen algo mas de calado ideológico, como comprobámos anteriormente en el guiño a la psicosis terrorista de Edward Sorel y ahora pasamos a ver en el planteamiento de Anita Kunz de julio de 2007. 

 

La revista neoyorquina celebra los aniversarios de su fundación con la que en principio fue reproducción, y modernamente es una recreación, de la imagen de Eustace Tilley, el personaje creado por Rea Irving que ejerce de representante a la revista desde su lanzamiento en 1925. Una atildado caballero al que el año pasado llevó al metro el ilustrador argentino Liniers para poner, además, en evidencia la grosera práctica del llamado manspreading. El que ya practicaba en 1930 un viajero sin que nadie reparara entonces en ello al ver una ilustración que buscaba el contraste ya visto anteriormente, incluso con el propio golf como pretexto (ver 2ª parte), entre los usuarios que van camino del ocio y los que lo hacen al trabajo.

  

Aunque nuestra idea inicial era restringirnos al metro, vamos a realizar una final incursión en los vinculados trenes de cercanías para ver algunas portadas centradas en su pasaje, los llamados commuters. Los que otrora portaran casi inexcusablemnte un periódico como los que vemos en la ilustración de 1961 de Arthur Getz. El que algún compañero de viaje podría dificultar desplegar como vemos en la ilustración de septiembre de 1942 de Helen Elna Hokinson.

Pero hoy en día las alternativas electrónicas florecen como bien muestra Barry Blitt en una viñeta de mayo del año 2000 que incluye una divertida referencia a esos conflictos con el desayuno asociados a la apretada vida del commuter. Otro día volveremos con mas detalle sobre las portadas de otras revistas que han reflejado las peculiaridades de ese estilo de vida.