jueves, 16 de enero de 2014

Rituales turísticos II: algunas prohibiciones y muchos candados


Ya veíamos en la primera entrega de esta serie cómo fue necesario proteger la tumba de Oscar Wilde de sus admiradores más guarretes. No tenemos tan claro qué daños estarían causando al Pórtico de la Gloria de la Catedral de Santiago de Compostela los ejecutantes de la doble tradición de colocar la mano sobre la representación del Árbol de Jesé (el genealógico de Cristo que parte del padre del Rey David) que ocupa el parteluz. Se continuaba el ritual dándole la vuelta, un detalle del que más de uno no se enteró, para darse unos unos cabezazos en busca de la transmisión de parte de la sabiduría y talento de su artífice, el famoso Maestro Mateo, también conocido como “Santo dos Croques” (santo de los coscorrones, aunque que no tiene reconocida esa nominal santidad). Así que no fueron pocos los que que cabecearon la barbada imagen que recibe al visitante flanqueada por dos leones, una figura que suele considerarse una representación de Noé. No creemos que fuera el caso del ejemplo que mostramos a continuación, un caso que más bien serviría de prueba de que la cosa no siempre funcionaba.

detalle de colocación de la mano y visita de Chávez a Santiago de Compostela el 16-10-2005
Adicionalmente, convenía no tomarse muy en serio aquello de que la cantidad de los talentos transmitidos era proporcional a la fuerza del coscorrón. Y es que alguno salió de esa experiencia un poco "groggy".

La imagen situada al pie del Árbol de Jessé no es la que había que cabecear, el Maestro Mateo está a la vuelta, mirando al altar de espaldas a su genial obra
El hecho es que desde el año 2005 no se permite cumplir con esa tradición profana, que era uno de los ritos turísticos más famosos de España. Así que ya solo queda la posibilidad de cumplir con el "abrazo al Apóstol", en cuya ejecución se pone de manifiesto el muy diferente calor que cada quien le pone a este acto de origen ya claramente religioso. Veamos algunos significados ejemplos: 


Las tradiciones estudiantiles están detrás de algunas prácticas como la de los croques,  aunque no pocas veces los frutos de esas inquietas mentes juveniles resulten un tanto transgresoras. Este es el caso de la costumbre de los estudiantes de  Budapest de frotar los testículos del caballo del héroe Andras Hadick situado próximo a lugar donde estuvo la primera residencia de la Universidad. Ahora los que suelen merodear por esa zona son los turistas, pero no es aconsejable imitar a los universitarios porque, aunque no medie otra prohibición que la que impone el sentido común, no es difícil adivinar que no hace muy felices a los guardias de la capital húngara ver a los turistas encaramándose a los pedestales de las estatuas.

Con todo, el ritual que en los últimos años ha dado más quebraderos de cabeza a los regidores municipales es la colocación de candados grabados con algún mensaje, o cuando menos las iniciales de los involucrados, realizada como símbolo de compromiso amoroso.

Esta costumbre cuenta en oriente con una larga tradición cuya particular “meca” está en Huangshan (el monte Huang o amarillo). Este macizo montañoso de la provincia china de Anhui es un destino turístico de primera magnitud en cuyas cimas se acostumbra a dejar candados que los lugareños habitualmente acompañan con cintas rojas que contienen plegarias o invocaciones. En una de las terrazas esparcidas por los diversos recorridos posibles incluso se ha instalado un monumental candado alusivo a esta tradición.

En el gigante asíatico los candados no son colocados únicamente por parejas que se prometen amor eterno, sino que también se utilizan para pedir felicidad para las familias que esperan permanecer igualmente unidas. Un destino típico de esta práctica es el Templo Dongyue situado en la cumbre de las montañas Tai (Taishan) de la provincia de Shandong. En la imagen que sigue puede verse su habitual aspecto repleto de ferreteras invocaciones.


En Corea del Sur la que se ha convertido en destacado objetivo de los candadores es la torre de comunicaciones N Seoul Tower. La moda ha sido estimulada mediante la disposición de unos soportes con forma de árbol que permiten darle continuidad tras quedar agotado el espacio en las barandillas de la terraza situada en la base de este formidable punto de observación de la capital surcoreana.

No siempre tienen tanto éxito los intentos de institucionalizar esa práctica, como ocurre en el caso de la terraza del Umeda Sky Building, uno de los más populares puntos de observación de la ciudad japonesa de Osaka. La práctica ausencia de candados de modelos diferentes al que se vende en la tienda local es claro indicador de una sobreexplotación comercial. Así es que el éxito alcanzado no es en absoluto comparable con el de Seul.

Antes de emprender el viaje de regreso desde el lejano oriente, procede constatar que hasta los gestores de la Gran Muralla China han claudicado colocando unas cadenas “ad hoc” para facilitar la práctica en un monumento que apenas ofrece, de por sí, puntos de anclaje adecuados. 


En Europa es la ciudad de húngara de Pécs la que se reivindica como sede del inicio de esta moda a comienzos de los años ochenta. Los soportes más populares son unas verjas situadas  en la céntrica calle Janus Pannonius que incluso han sido ampliadas para aumentar su capacidad. Parece que aquí también están encantados de potenciar la cuestión.


Hasta done nosotros sabemos la primera ciudad que estableció una prohibición sobre la colocación de candados fue Florencia, cuyas autoridades se hartaron de retirar periódicamente los que eran colocados en el monumento a Benvenuto Cellini situado en el Ponte Vecchio. Como puede verse en la adjunta documentación gráfica, las multas empezaron por 50 euros y las últimas noticias que tenemos son que ya iban por los 160.


La moda de colocar candados aumentó exponencialmente su popularidad a raíz de la inclusión de la misma en el libro "Ho voglia di te" (Tengo ganas de ti) de Federico Moccia, publicado en 2006. Como la novela ubicó esa acción en el Puente Milvio de Roma, este inmediatamente se convirtió en el objetivo de centenares, si no miles, de adolescentes que no tardaron en provocar la caída de una de las dos farolas utilizadas como soporte.


El ayuntamiento de la capital italiana decidió prohibir entonces el uso de las luminarias y dispuso unos soportes alternativos. Sin embargo, la rápida saturación de los mismos, unida a las quejas de los vecinos, acabaron por desencadenar la total prohibición de colocación de los cerrajeros recuerdos. Así que estos pasaron a repartirse por diversos rincones de Roma, pero sin llegar a encontrar una ubicación que tomara el relevo del citado puente. 

Puente Milvio: debía cotizarse bastante la plaza de vendedor pegada al punto de enganche
No tardó en surgir una página web que permitía la colocación de candados virtuales. Y aunque ha ido perdiendo popularidad, ciertamente no es lo mismo, no consiguió ser eclipsada por la creada por los editores del propio Moccia (el contador de esta última se mueve actualmente a un mortecino ritmo inferior a 2 candados diarios).

El escritor italiano Federico Moccia en una foto promocional en el Puente de Milvio y
 pantalla de la primera web creada para colocar candados virtuales
Colonia fue otra ciudad que hizo un intento de retirar la gran masa acumulada en el puente Hohenzollern, pero la oposición popular a la medida consiguió que se diera marcha atrás y, al día de hoy, sigue ejerciéndose la amorosa práctica en ese concurrido paso peatonal, pero sobre todo ferroviario, sobre el Rhin.

A continuación puede comprobarse como Moscú aplicó una estrategia diferente, quizá inspirada en la Torre de Comunicaciones de Seul, y también colocó unos soportes específicos con forma de árbol tanto en el puente Loujkoy como en el aledaño paseo junto al Canal Vodootvodny.


En la recta final de este apunte, llegamos al gran destino tradicional del amor y, por tanto, de estos candados-promesa cuyo rito incluye tirar la llave al río habitualmente adyacente (no así en Asia como hemos visto). Así que, por más que se vean con bastante frecuencia en estos amorosos amasijos artefactos de combinación, la utilización de los mismos es tramposa y poco comprometida. Deben quedar cerrados para siempre.

Son dos los puentes parisinos que concentran los productos de la industria cerrajera a la que suponemos encantada con la moda: el Pont de l’Archevêché, muy próximo a Nôtre Dame, y el Pont des Arts que cruza el Sena a la altura de la Plaza de la Concordia. En la primavera de 2010 se produjo una retirada parcial de candados de esta última estructura que, como en el caso de Colonia, causó bastante rechazo, por lo que no fue asumida por ninguna de las administraciones que tenía sentido que estuvieran detrás de esa acción. Quizá algún espontáneo se sacó unas perrillas vendiendo metal al peso, pero sirvió para que hasta el día de hoy no haya vuelto a intentarse la retirada de los puentes parisino de toda esa sobrecarga.

Esa tolerancia no ha evitado la aparición de algunas muestras de descerebramiento, como las que testimonia la adjunta imagen de un bronce del imponente Puente Alejandro III. Otros ejemplos de estupidez son los que afectan a los adornos representativos de despojos que adornan el Puente de los carniceros de Liubliana, el centro de esta práctica en la capital eslovena, o el caso aun más lacerante de los colocados en la reja situada en el punto en el que San Juan Nepomuceno fue arrojado al río desde el Puente Carlos de Praga. Ello por negarse a revelar al Rey Wenceslao IV de Bohemia el contenido de la confesión de su esposa. 

Aunque hoy estamos focalizados en otra tipología de rituales, no es mal momento para recordar que también existe la tradición de pedir un deseo mientras se coloca la mano sobre la cruz colocada sobre la balaustrada para identificar el lugar por el que fue arrojado el sacerdote que alcanzaría la santidad. Afortunadamente, esos desafortunados cerrojazos son las excepciones y los candados se concentran en la capital checa en un pequeño puente de Malá Strana que se muestra en la imagen inferior. Un paso ubicado en las proximidades del llamado “Muro de John Lennon”.

Terminamos con un brevísimo repaso de la situación española. No da para más, porque esta práctica no ha tenido por aquí tanto éxito. Esperanzadora señal.


Posiblemente el punto nacional más afectado haya sido el sevillano Puente de Triana, pero las frecuentes limpiezas municipales parece que han hecho decaer el interés de quienes buscan dejar una huella mínimamente perdurable.

Otro lugar que se presta a desatar este tipo de efusiones es el salmantino Huerto de Calixto y Melibea, cuyo pozo nunca  ha llegado a estar mucho más cargado de lo que se muestra en la foto que puede verse junto a estas líneas.

Por si algún lector aun no hubiera tenido suficiente dosis de candados, quizá haya a quien le sorprenda la ausencia de ejemplos americano, añadimos a modo de colofón el vínculo al artículo de la Wikipedia que lista las ubicaciones más populares.






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