martes, 12 de noviembre de 2013

Los culpables equivocados o ¿qué es un diccionario?

Cuando se habla de los peligros de la calle pocos son los que achacan a la existencia de vías públicas las variopintas amenazas que en ellas nos acechan. Por ello es curioso comprobar cómo cuando se trata de internet son muchos los que eluden un razonamiento análogo y es el viario digital el que acaba por cargar con la culpa de lo que pueda ocurrir en sus esquinas. No deja de ser una moderna variante de la inveterada costumbre de culpar, y en el peor de los casos matar, al mensajero. Bien se aprovechó de ese arquetipo Julio Verne para mantenernos engañados durante varios capítulos de su novela Miguel Strogoff haciéndonos creer que ese correo del zar ha sido cegado por Iván Ogareff, aunque no había sido así por la interposición de una lágrima entre la córnea y la espada candente según la un tanto delirante explicación urdida por el autor. Tratándose de un mensajero el lector asume que es normal que haya pagado el pato, expresión que aprovechamos para recordar procede de la síncopa de pacto, el que los judíos hace profesión pública de tener con Dios y que en España tuvimos la histórica costumbre de hacerles pagar culpándoles de los mas diversos males.

Un fenómeno parejo al anterior es la también bastante frecuente adjudicación al escriba de la responsabilidad del contenido del dictado que recibe y registra. Una víctima frecuente de este último error de puntería es nuestra Real Academia de la Lengua a la que suele culparse de registrar en su Diccionario acepciones lingüísticas que no son del gusto de los criticantes. Olvidan con ello que el lenguaje es fabricado por los ciudadanos en el curso de un prodigioso proceso escasamente tutelable que reserva a los diccionarios la mera función de registrar las consecuencias de ese maravilloso fenómeno social. En esto a ciertas personas les ocurre lo que al dirigente comunista que en su visita a Londres no dejaba de preguntar por el responsable del abastecimiento de pan, pues para una mente formada en los principios de una economía planificada resultaba incomprensible el sutil fenómeno que regula la oferta y la demanda de bienes en las economías de mercado.

La muy frecuente confusión enunciada nos ha venido a la mente al tener noticia de una reciente protesta cuya portavocía era asumida por Teresa San Segundo, la directora del Centro de Estudios de Género de la UNED. En la explicación televisiva se ponía como ejemplo del sexismo del DRAE la sexta acepción de femenino,na como débil o endeble. Cierto que hoy apenas se utiliza con ese significado salvo, desgraciadamente, en las estadísticas de violencia de género donde queda patente cual es la parte más débil en esas tragedias, pero no hay que olvidar que cuando se recurre al auxilio de un diccionario no se está necesariamente intentado interpretar un texto recién escrito, mas bien suele ser lo contrario. Y como los ejemplos no especialmente antiguos de ese uso son numerosos, lo que desde el rigor lingüístico cabe reclamar es la aplicación de la etiqueta desus. con que esa indispensable herramienta lingüística identifica las acepciones que aunque ya no estén en uso no es difícil encontrar en documentos pasados. Aun así hay que reconocer que nuestros mayoritariamente añosos académicos están un poco faltos de mano izquierda porque nos hemos ido a ver como resuelven este asunto en otros idiomas y, en el caso del inglés, nos encontramos con que el prestigioso Oxford Dictionary recurre a "having qualities or an appearance traditionally associated with women, especially delicacy and prettiness" que, como se ve, recurre a citar como atributos específicamente femeninos la delicadeza y la belleza. ¡Ele! Y aquí menuda han armado con la torpeza de no solicitar el concurso de la delicadeza, porque ¡quien es capaz de rechazar la asociación con ese concepto tan en alza! Claro que nuestros particulares inmortales siempre podrán invocar en su descargo el texto normativo elaborado por sus auténticos inmortales colegas franceses cuya definición de feminin utiliza para describir el plano psicológico del término esprit nada menos que intelligence, intuition féminin(e); nature, caractère, âme, cœur, sensibilité, sentiment, douceur, tendresse, délicatesse féminin(e); faiblesse, duplicité, perfidie féminine. Lo de debilidad ya hemos visto las reacciones que provoca por aquí, pero si los nuestros llegan a incluir perfidia
, entonces sí que se arma. Tremenda la decadencia del silente feminismo francés. 

Ahora bien, lo que no tiene un pase es que personas a las que sus puestos exigen actuar con rigor académico recurran a falacias que desvirtúan cualquier sana discusión. Porque la citada portavoz remataba su intervención en las crónica que nosotros hemos seguido a través de Cuatro (11/11, 14:00) contándonos que: “Encima de no recoger feminizar, remite a feminidad o demonizar. ¡Hombre por Dios, es un poco fuerte!”. Efectista manifestación pero evidente falacia por omisión porque, aunque lo que dice es cierto:


omite aclarar que, como bien explica el aplicativo de la web académica, lo que se propone en ausencia de una palabra son formas con escritura cercana. Es claro que las alternativas sugeridas por el Diccionario on-line no lo son por su proximidad semántica con el inexistente término buscado, y es que málamente podría hacerlo si desconoce su significado. Estas cosas suelen verse mejor con un ejemplo:


¿Se pretende que la Academia está equiparando la sutileza del alma (ánima) con un enema? Entendemos que el hallazgo era demasiado tentador, pero a quien comparece en representación de la Universidad cabe exigirle que anteponga el rigor. Se empieza así y quien sabe si no se acaba amenazando con un zapato desde un escaño.

Nosotros seguimos opinando que la función del diccionario es ayudarnos a entender lo que oímos o leemos, aunque no vaya a gustarnos, lo que no es incompatible con la edición de correccionarios que explicarían los significados que deberían tener esa palabras según determinados consensos, sin duda de ámbito mas reducido que el que subyace en esa fabulosa manifestación democrática que es la creación del lenguaje.


Al que no podemos dar patente de Gobierno Democrático es al que produce noticias tan vergonzantes como la que tomamos de El Confidencial. Esto es pura y simple obstrucción a la Justicia y desde el punto moral toda una confesión de que se está intentado ocultar graves delitos. Suponemos que mantener a Wert en el Gobierno no es mas que una maniobra de distracción para evitar que se hable de este enorme escándalo. Lo malo es que parece que les funciona.


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